Los tres ajustes, en orden
La curvatura, el ligero arco hacia delante del mástil, que se fija con el alma. La altura de cuerdas, que se fija en las selletas del puente. La entonación, es decir si una nota pisada está afinada, que se ajusta moviendo cada selleta adelante o atrás.
Hay que hacerlos en ese orden, porque cada uno cambia el siguiente.
Empieza con cuerdas nuevas
Las cuerdas viejas están a otra tensión y se leen distinto en un afinador. Pon el juego que piensas seguir usando: cambiar de calibre después significa repetirlo todo.
El trabajo que conviene no tocar
Las ranuras de la cejuela. Rebajarlas baja la altura en el primer traste, que es donde peor se siente una guitarra barata, y rebajarlas de más produce un cerdeo que solo se arregla sustituyendo la cejuela. Las limas cuestan más que una puesta a punto en un taller.
Por qué importa más que una mejora
Las pastillas cambian el sonido. Una puesta a punto cambia si el instrumento se toca — y en una primera guitarra, eso es lo único que importa.
Las preguntas que se hacen de verdad
¿Puedo hacerlo yo?
La curvatura y la altura en las selletas, con cuidado y la llave adecuada. Las ranuras de la cejuela necesitan limas y son el trabajo que conviene dejar en paz: limar de más no se deshace.
¿Cuánto cobra un taller?
Varía por país y por taller, así que no damos cifra. Lo que sí es constante es la comparación: una puesta a punto cuesta una fracción de una guitarra nueva y cambia más.
Última revisión: 2026-08-18